Esbozo de flamingos.

Se levanto una cortina de polvo cristalino, tan cristalino que la creación del espejismo mental era inevitable. Difuminados en sombras oblicuas y recargadas al borde de la colina, recorrieron con miradas desfasadas el cúmulo de seres esféricos, vagamente atiborrados de papel con textura de hipérboles impresas.
Después de unos segundos comenzó el brote: heridas en forma de láminas de nieve, quijadas rotas jugando a ser valientes, flechas y arcos buscando dueño a las afueras de un lenocinio, fábulas atrapadas en el aliento de gente tímida y arrogante, naves voladoras chatarra intentando quitarse el apodo, vagones con 21 gramos de viento multiplicados por cientos... Lo que vio aquel cansado trozo de existencia tuvo la capacidad de asombrar a sus piruetas y, desde entonces, procura con cautela amalgamar acciones y palabras. Fue necesaria la versatilidad en su raciocinio. Colocó sus ojos en el lugar correspondiente y asomó un poco la cabeza; decía: "¿Qué sería del borde del precipicio si nadie se atreviera a mirar?".

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