Nos quedamos dormidos escuchando una estación de jazz.
Tal como las luciérnagas flotando a la orilla del camino en el que transita un bus transportando personal víctima de un posible cruel experimento al final de una película, sentimos los parpadeos de cada luz en suspiros que, probablemente olvidemos al amanecer o que, probablemente mantengamos en mente durante dos días o tres años...
Y pensamos que, quizá no sean víctimas de la inexactitud de su propio planeta luciernagario, ellas evitan el problema del "ser" dedicándose a la "nada" siendo algo que siendo jamás lo hubieran logrado.
Y es que, ¿cuál es la razón por la que todos temen aceptar cosas buenas?... Siendo nada, nada puede hacerte daño.
Seamos la nada.
Seamos la nada.
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