1st...
"¡Qué falta de atención de su parte!."
"¡Qué falta de atención de mi parte!."
"¡Qué falta de atención de nuestra parte!."
Me digo siempre, me repito tanto que hasta cobarde al escribir me convierto.
Llega el momento y lo único que deseo es caminar hasta llegar a un lugar que no conozca.
Llega el momento y lo único, después de lo único anterior, es escribir cosas agradables, darle la bienvenida a éste número cuatro, sin embargo me arruina.
El jugo de la vida, el sabor de todo el viento en distintas posiciones terrestres, cascabeles, discos rayados, pararrayos, pétalos y mi voz... Mi voz. Hace tanto que mi voz ya no desea salir.
Tengo tanto qué decir, en realidad quizá sea poco, pero deseo tanto ser escuchada; no me escucha, mi silencio le grita y sigo desapareciendo.
Aburrimiento, desinterés, desapego, quitar el amor, no pensé escuchar esto entre mis dedos, manejarlo como a un timón no deseo... Me asusto.
Todo producto de mi pensamiento resulta fatal y necesito dejar de pensar... Mi deseo de dejar de pensar es tan grande, incalculable, inimaginable, insostenible, incomparable.
El árbol necesita un ser atento, sólo eso, algo que el ser que, en teoría, me acompaña, no contiene.
El árbol necesita poner a trabajar a sus glándulas asteroidales, colocar sus metas donde las tenía antes de la llegada de las siglas LVM...
¿Me estorba?... Piénsalo bien, [inserte nombre].
¿Ya no despierto interés?... POR DIOS, GIMENA, ¡DEJA DE PENSAR!.
Una combinación de esto pasa cuando no está, pero, ¿qué mal está gustando de envolverme, si es de conocimiento primitivo que a él no le rueda ni por ocho microsegundos de su cerebro la idea de estarme rompiendo con su indiferencia...
Por ello, por el bien de tus escamas, niña, deja ya de pensar.
"¡Qué falta de atención de mi parte!."
"¡Qué falta de atención de nuestra parte!."
Me digo siempre, me repito tanto que hasta cobarde al escribir me convierto.
Llega el momento y lo único que deseo es caminar hasta llegar a un lugar que no conozca.
Llega el momento y lo único, después de lo único anterior, es escribir cosas agradables, darle la bienvenida a éste número cuatro, sin embargo me arruina.
El jugo de la vida, el sabor de todo el viento en distintas posiciones terrestres, cascabeles, discos rayados, pararrayos, pétalos y mi voz... Mi voz. Hace tanto que mi voz ya no desea salir.
Tengo tanto qué decir, en realidad quizá sea poco, pero deseo tanto ser escuchada; no me escucha, mi silencio le grita y sigo desapareciendo.
Aburrimiento, desinterés, desapego, quitar el amor, no pensé escuchar esto entre mis dedos, manejarlo como a un timón no deseo... Me asusto.
Todo producto de mi pensamiento resulta fatal y necesito dejar de pensar... Mi deseo de dejar de pensar es tan grande, incalculable, inimaginable, insostenible, incomparable.
El árbol necesita un ser atento, sólo eso, algo que el ser que, en teoría, me acompaña, no contiene.
El árbol necesita poner a trabajar a sus glándulas asteroidales, colocar sus metas donde las tenía antes de la llegada de las siglas LVM...
¿Me estorba?... Piénsalo bien, [inserte nombre].
¿Ya no despierto interés?... POR DIOS, GIMENA, ¡DEJA DE PENSAR!.
Una combinación de esto pasa cuando no está, pero, ¿qué mal está gustando de envolverme, si es de conocimiento primitivo que a él no le rueda ni por ocho microsegundos de su cerebro la idea de estarme rompiendo con su indiferencia...
Por ello, por el bien de tus escamas, niña, deja ya de pensar.
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